La Avenida de Mayo celebra sus 125 años

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Desde la Plaza de Mayo hasta la Plaza de los Dos Congresos, la Avenida de Mayo abarca diez cuadras, a lo largo de las cuales despliega cúpulas, balcones alineados, querubines esculpidos y figuras humanas que les dan relieve a las paredes y decoran el constante movimiento de autos, peatones y manifestantes.

La Avenida de Mayo fue pensada como la gran obra pública de su momento, también como vidriera -algo para mostrarle al mundo-, y además como pulmón para que Buenos Aires tomara aire en época de epidemias. Pero terminó siendo su núcleo. Uno político y cultural, que este martes cumple 125 años.

En todos los sentidos, fue pionera: primer boulevard y primera avenida de la Ciudad. Por ella transitó el primer colectivo de Buenos Aires y debajo de ella, el primer subte de Latinoamérica. Al 1200 se instaló el primer ascensor del país: uno jaula, de puertas tijera y con una escalera que serpenteaba alrededor. Además, fue el punto en el que los cafés estrenaron sus mesas en la calle, que hasta entonces esa imagen era propia de Europa.

La avenida surgió de la cabeza de Torcuato de Alvear, el primer intendente de Buenos Aires. La pensó en 1882 y logró que dos años más tarde el Congreso sancionara una ley que autorizaba su creación. La delimitación era así: entre Rivadavia e Hipólito Yrigoyen -entonces calle Victoria-, la tierra debía ser abierta para construir una avenida. El ancho del nuevo camino tenía que tener 30 metros y los edificios, una altura mínima de 20 y una máxima de 24 metros.

No fue fácil: hubo que mutilar el Cabildo -le sacaron tres arcos- y expropiar 13 manzanas. También, aparecieron juicios. Muchas familias ricas los iniciaron, aunque después de un tiempo la mayoría aceptó ceder sus terrenos a cambio de una exención impositiva. Recién el 9 de julio de 1894, diez años después de la sanción de la ley, Avenida de Mayo fue inaugurada. Torcuato de Alvear no vio su idea materializada, ya había muerto. Entonces el intendente municipal era Federico Pinedo y el presidente, Luis Sáenz Peña.

La Avenida de Mayo original tenía adoquines de pinotea y estaba dividida por un boulevard, donde se instalaron los postes de iluminación. Ese espacio no sólo funcionaba como separador de carril, sino como un paseo en sí mismo, al igual que las veredas llenas de plátanos. Ahí las familias paseaban, se mostraban. En la calle había carruajes y los primeros autos a motor. Al mismo tiempo, la avenida era un eje simbólico de poder, con la Casa de Gobierno en un extremo, mientras que en el otro estaba el pozo para la construcción del Palacio del Congreso.

“No fue uniforme en su inicio. En su extensión aún se veían medianeras y lotes baldíos. La avenida recién quedó consolidada -construida en su totalidad- en 1920”, describe Marta García Falcó, arquitecta y una de las expositoras en las conferencias que organizó el Ministerio de Cultura porteño para este aniversario.

Para el nuevo siglo, la avenida era el corazón de la Ciudad: era sede de diarios – La Prensa, El Diario, El Argentino, El País, La Época y Crítica-; referente en cultura -con los cines Gloria y Avenida y los teatros Mayo, Avenida y Liceo-; el lugar de los cafés -con el Tortoni, a la cabeza-; y el de los hoteles, como La Argentina y Castelar, que todavía existen.

“El peor momento fue hacia las décadas de los 70 y 80. El problema llegó a tal punto que se creó el Programa de Revitalización de la Avenida de Mayo: PRAM”, agrega Falcó. Fue en 1992 y surgió de un acuerdo firmado por la Municipalidad de Buenos Aires, la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Comisión Española del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. España financiaba la mitad de los trabajos y la Ciudad, la otra mitad. Pero sólo se llegaron a restaurar 21 edificios y el programa se suspendió.

Las crisis siempre tuvieron -y tienen- su eco en la avenida. Hoy, en especial en su cruce con la 9 de Julio, se suceden los carteles de venta o alquiler de locales. Algunas fachadas parecen a estrenar, otras siguen muy deterioradas. Hay de todo: art nouveau, neobarroco, estilo academicista; flashes de París, de Barcelona, de la Gran Vía de Madrid, hasta de Grecia. En el edificio La Inmobiliaria, casi al final de la avenida, pares de estatuas de los dioses griegos Venus y Apolo decoran las ochavas.

Desde 2018, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad encaró un proceso de renovación que incluye la limpieza y la recuperación de los revestimientos símil piedra de varios edificios. También está reponiendo elementos escultóricos que, con el tiempo y la falta de mantenimiento, se fueron perdiendo o degradando. Además, está retirando aires acondicionados, cortinas de enrollar, marquesinas y cualquier otro elemento que altere la estética original.

Por mucho tiempo y todavía hoy, a la avenida se la asocia con España. Incluso, en una esquina se “peleó” la Guerra Civil. El frente de combate entre republicanos y franquistas fue el cruce de Salta y Avenida de Mayo. Ahí había dos bares tradicionales: el Iberia y el Español. El primero era refugio de los republicanos; el otro de los adherentes a Franco. Eran dos posturas viscerales conviviendo a metros. Algunas noches, los enfrentamientos eran tan fuertes que volaban sifones, sillas y mesas de un cordón a otro. El bar Español ya no está, el Iberia sí.

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