Los talibán lanzan su ofensiva de primavera pese al proceso de paz

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La organización negociará el fin del conflicto cara a cara con EEUU, país que ha bloqueado una investigación, en el Tribunal Penal Internacional, de crímenes de guerra en suelo afgano

El buen tiempo trae la muerte a Afganistán. Los talibán inauguraron la operación anual de primavera -bautizada en esta ocasión como Operación Conquista-, este sábado, con una cadena de escaramuzas por todo el país y un asalto para ocupar la ciudad de Kunduz. La organización islamista atacó pese a que dentro de una semana negociará el fin del conflicto cara a cara con EEUU, país que ha contribuido a que se bloquee una investigación, en el Tribunal Penal Internacional, de crímenes de guerra en suelo afgano.

Kunduz se halla en una importante encrucijada en el norte del país. Hoy a primera hora, según dijo a los medios el portavoz de la delegación del Gobierno local, un contingente de talibán atacó la localidad desde varios flancos. En palabras al canal local TV1, Naim Mangal, director del mayor hospital, contó seis muertos, entre ellos civiles, y 39 heridos. El jefe de Policía aseguró a las fuerzas afganas repelieron el ataque de los insurgentes, que habían logrado controlar la ciudad en 2015, por unos días.

Aquel fue sólo uno de los muchos ataques que hubo en todos los puntos cardinales. Operaciones de pequeña escala pero contundentes, consistentes en golpear, provocar todos los muertos posibles y huir, para amplificar el efecto. En Gor, al oeste, una emboscada mató a siete soldados. “La lucha va a incrementar porque el tiempo será más cálido”, aseveró el portavoz gubernamental, Omar Zwak, consciente de que lo de este sábado es sólo el principio.

Y aunque el enviado de EEUU para Afganistán, Zalmay Jalilzad, calificó de “insensata”, la decisión de lanzar de lanzar la ofensiva, el plan de reunirse con los jefes del grupo armado en Qatar, la próxima semana, sigue sobre la mesa. Los talibán, sus interlocutores, sentenciaron que su objetivo es “erradicar la ocupación” de tropas internacionales y “limpiar nuestra tierra musulmana de invasión y corrupción”.

Su meta puede estar cerca. El Pentágono está decidido a sacar sus 14.000 soldados de Afganistán – y el resto de fuerzas internacionales en un máximo de cinco años. Según ha trascendido a los medios recientemente, su hoja de ruta pasa por negociar con los talibán una parcela de poder a cambio de la retirada y un compromiso de los insurgentes de no permitir que Al Qaeda o el Estado Islámico se asienten entre ellos. O sea, que no se repita la historia que desembocó en el 11-S.

El ejecutivo afgano, que apenas controla la mitad del país, ha protestado reiteradamente el sentirse desplazada en las conversaciones en Doha. Teme que un pacto que no cuente con su firma socave su autoridad más, si cabe. Pero Washington sigue tan dispuesta a cerrarlo que acaba de lograr que, según los talibán, el Consejo de Seguridad de la ONU ha retirado de su lista negra a los 14 miembros de su grupo negociador. Entre ellos está el llamado Mulá Baradar (Hermano), uno de sus fundadores.

Gracias a ello, los dirigentes talibán – cinco de los cuales estuvieron antaño encerrados en la infame prisión de Guantánamo – podrán viajar libremente “en función de las discusiones de paz”, según un comunicado del Consejo. No es el único balón de oxígeno de la Casa Blanca a sus antaño enemigos número uno. Los jueces de la Tribunal Penal Internacional rechazaron el viernes pasado una petición de la fiscal jefe para investigar posibles crímenes de guerra en Afganistán, algunos cometidos presuntamente por EEUU.

En sus conclusiones, recogidas por el medio ‘The Guardian’, los jueces admitieron que el éxito de tal proceso era “improbable” por falta de cooperación de los perseguidos: EEUU, el Gobierno afgano y los talibán. El mes pasado, Washington amenazó con revocar los visados de quienes tratasen de investigar sus crímenes de guerra en Afganistán o en cualquier otro sitio.

 

 

Fuente: El Mundo

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