Muerte de Pérez Volpin: La anestesista acusó al endoscopista

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En el primer día del juicio por la muerte de Débora Pérez Volpin, declaró Nélida Inés Puente, la anestesióloga que atendió a la periodista el 6 de febrero pasado.

Según relató ante el juez, pese a todos sus intentos de recuperar la vía área, el cuadro era tan grave que no se logró salvar a la paciente. “En mis 35 años de profesión ningún paciente sufrió una perforación”, agregó antes de dar un relato pormenorizado de lo que atendió ese día en el quirófano seis.

Encorvada hacia adelante y con las brazos enlazados debajo del escritorio, habló con voz segura y calma por alrededor de tres horas. Fue interrogada por el juez, la fiscal, los abogados de la familia de Pérez Volpin y los del médico endoscopista.

Según relató, minutos antes de la endoscopía pudo hablar con Débora. “Tuvimos una charla empática. Ella sonreía, estaba tranquila, era un amor” dijo frente a sus familiares. La periodista le dijo que se sentía bien y que no tenía ninguna alergia. Ella le puso el dedal del pulsioxímetro, le pidió que se pusiera de costado. En cuanto hizo efecto la anestesia le dijo al endoscopista que podía comenzar con el procedimiento. Se apagó la luz para mejor visibidad del estudio. Entonces Pérez Volpin tenia una saturación ideal, del 99%.

La crisis se desató en cuanto a Pérez Volpin se le salió el dedal -algo normal- la anestesióloga se acercó para acomodarlo y en ese instante rozó el abdomen de la paciente. “Estaba hinchada como un tonel”, recordó Puente.

“Le grité a Diego – Bialolenkier – y le pedí que aspirara para poder ver mejor. Se asustó mucho, a los dos nos impresionó”. Le dije entonces que sacara el endoscopio de inmediato. Prendieron la luz y vieron el cuerpo hinchado.

Su primera reacción fue pensar que se trataba de una reacción alérgica, por la gran hinchazón que presentaba la paciente en el rostro. “Noté que crepitaba la zona de la mandíbula, tenía aire en los tejidos y los labios se empezaron a poner cianóticos”.

En cuanto intentó hacer una laringoscopía para poder ventilar a la paciente vio que estaba todo lleno de sangre. “La lengua, las amígdalas, estaba todo completamente desfigurado. No podía ver nada, por lo que aborté la maniobra de intubación”.

Para entonces ya habían llegado una cardióloga y el equipo de terapistas,que le indicaron que le colocara a la paciente una máscara laríngea. Con ese método se logró recuperar la saturación. “Pero nunca salió del paro”, explicó.

La culpa, del endoscopista

Consultada acerca de cómo ingresó el enorme caudal de aire al cuerpo, dijo: “Hoy puedo decir que entró por la perforación esofágica” . Y que quien insufla aire es el endoscopista. Y acerca de la mecánica de la lesión, algo similar: “Lo único que había ingresado a la vía digestiva era el endoscopio”. Remarcó que nunca vivió una situación de crisis en una videoendoscopia.

Enrique Sacco: “Ella ya no tenía dolores, estaba muy bien”

Por su parte, Enrique Sacco, pareja de Pérez Volpin al momento de su muerte, remarcó que Débora se sentía bien antes de realizarse el estudio. Que no tenía enfermedades previas e incluso el día anterior había ido por sus propios medios al baño, tenía un suero enchufado al brazo, y de camino se puso a bailar con el artefacto como si fuera una persona.

En el momento más emocional de la jornada, relató cómo los médicos le anunciaron el fallecimiento. “Nunca le pude dar la noticia a los chicos, simplemente los abracé y lloramos”, dijo, con la voz entrecortada.

Luego se refirió a la difícil decisión de realiza una autopsia: “Por un lado queríamos que Débora descansara en paz, pero por el otro no teníamos una respuesta concreta. Y ella siempre hubiera buscado la verdad”.

Hoy dijo que ya se supo la verdad con el informe de la autopsia, pero ahora se necesita justicia. “Para nosotros y para los médicos. Queremos continuar la vida de la manera más tranquila posible”.

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