Se suicidó Eduardo Lorenzo, el cura acusado de abuso sexual

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Una jueza había ordenado detenerlo por las denuncias en su contra, pero su abogado había apelado la decisión. Lo encontraron muerto en la sede de Caritas en La Plata.

El cura Eduardo Lorenzo, acusado de abuso sexual y sobre quien pesaba una orden de detención, se suicidó este lunes a la noche, según le confirmaron el abogado querellante Juan Pablo Gallego y un comisario bonaerense a TN.com.ar.

La jueza platense Marcela Garmendia había ordenado la detención del excapellán del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), pero su abogado consiguió mantenerlo en libertad a través de la apelación. Ante el futuro incierto, el cura se suicidó.

El Gabinete Criminalístico de la Policía Bonaerense trabajaba la noche del lunes en la sede de Caritas en La Plata, ubicada en el cruce de las calle 4 y 49.

Lorenzo, procesado por abuso sexual agravado en cinco oportunidades, había quedado el lunes al borde de la detención tras la orden de la jueza Marcela Garmendia, pero su abogado, Alfredo Gascón, consiguió demorar el arresto al apelar ante la Cámara de Garantías.

Eduardo Lorenzo había jurado ser inocente en una entrevista con TN.com.ar, pero los resultados de una pericia psicológicos fueron contundentes: el cura presentaba rasgos “psicópatas, perversos, narcisistas y obsesivos”.

En la pericia, solicitada por la fiscal Ana Medina, los psicólogos determinaron que Lorenzo transmitía “una imagen grandilocuente de sí mismo que engrandece su autoestima” y que “no siente culpa ni angustia porque la hostilidad siempre está en el afuera”.

El abogado de la querella, Juan Pablo Gallego, lamentó el desenlace fatal ante TN.com.ar: “No pudo soportar la demostración de su culpabilidad, gracias a la pericia forense, y la orden de detención. El final deseado era una condena que reparara a las víctimas”.

El día en que fue increpado por una víctima

En octubre de este año, el cura se presentó en los Tribunales de La Plata para someterse a los peritajes psicológicos. Fue que la hermana de una víctima decidió increparlo.

María Belén, hermana de Julián Bértoli, uno de los denunciantes de Lorenzo, lo esperó con el teléfono en mano en la puerta del juzgado. “¿Abusaste de mi hermano? ¿Vas a negar todo? Hay una nueva víctima de la época en que eras vicario en Berisso. ¿Todos mienten?”, insistió la chica.

El sacerdote se limitó a decir que estaba “segurísimo” de su inocencia mientras subía las escaleras del edificio. Ante la insistencia de la mujer, la amenazó con llamar a la policía.

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