Una mala para los chinos

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La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, proclamó su victoria en las elecciones presidenciales que serán cruciales para el futuro de sus relaciones con China. Tsai se distanció del autoritarismo chino y dijo que confiaba en su victoria para hacer la democracia taiwanesa más fuerte. La actual presidenta recibió 8.170.231 votos (un 57,1 por ciento, un punto más de lo que logró hace cuatro años), mientras que el candidato del Kuomintang obtuvo 5.522.119 apoyos (un 38,6 por ciento).

La presidenta Tsai Ing-wen, en el cargo desde 2016, consiguió su segundo mandato, frente a su principal rival, Han Kuo-yu. “Taiwán está mostrando al mundo cuánto apreciamos nuestro estilo de vida libre y democrático y nuestra nación”, dijo a la prensa la dirigente. Su rival aceptó la derrota y llamó a la presidenta saliente para felicitarla. Los dos candidatos tienen visiones divergentes sobre el futuro de la isla y de sus relaciones con Pekín, principal socio comercial.

Taiwán, que tiene su propia moneda, bandera, ejército, diplomacia y gobierno, está separada políticamente de China desde hace 70 años. Pero solamente un puñado cada vez menor de países reconoce a la isla como país independiente. China considera a Taiwán como una de sus provincias y ha jurado que volvería a controlar un día este territorio, incluso por la fuerza si fuera necesario. De hecho China rompió todas las comunicaciones con el gobierno de Tsai, intensificando las presiones económicas y los ejercicios militares.  Allí habitan unos 23 de millones de personas.

Tsai, que se distancia del autoritarismo de Pekín, dijo al votar que espera que los electores “hagan la democracia taiwanesa más fuerte”. Por su lado, Han, su rival, favorable a estrechar relaciones con Pekín, no hizo comentarios al emitir su voto en Kaohsiung, segunda mayor ciudad de la isla, de la que es alcalde.

La presidenta Tsai Ing-wen se presenta como la garante de los valores democráticos frente al autoritarismo del poder comunista en Pekín de Xi Jinping. La presidenta electa rechaza el principio de unidad de la isla y del continente en el seno de una misma China.

Los taiwaneses también han observado con preocupación las negativas de Pekín a acceder a las demandas prodemocracia en Hong Kong, excolonia británica devuelta a China en 1997. Y los propios turistas hongkoneses descubrieron en Taiwán que la elección presidencial se celebró mediante sufragio universal, algo que China les rehúsa en su propio territorio. “Tengo la impresión de que hay esperanza aquí” en Taiwán, afirmó Karen Leung, una turista hongkonesa de 26 años. “En Hong Kong estamos desesperados porque sentimos la llegada del Partido Comunista”, con su creciente injerencia en los asuntos del territorio semiautónomo, se lamentó Leung. De alguna manera, el movimiento de protesta “acercó” a la excolonia británica y a Taiwán, dijó Ivy, de 36 años, una hongkonesa que trabaja en el ámbito social.

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