Colombia regala los hipopótamos de Pablo Escobar

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Entre las fantasías megalómanas del narcotraficante estaba la de poseer un pedazo de África en su país. Para ello, hizo trasladar en 1981 hasta la Hacienda Nápoles.

Los hipopótamos conquistan a los colombianos con su aspecto bonachón. Les tienen simpatía, pero también temor”, dice David Echeverry, biólogo de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), con sede en El Santuario, departamento de Antioquia. Echeverry dirige los trabajos de monitoreo y estudio de esta singular especie africana en el corazón de Colombia. “Gracias a la experiencia de Cornare llevamos la vocería en el analisis del impacto de su crecimiento y buscamos instituciones o países dispuestos a acoger a algunos ejemplares. Nuestra tarea es velar por los ecosistemas nativos”, apunta el científico colombiano a la Deutsche Welle. Pero ¿cómo llegaron estos megaherbívoros a América del Sur? Entre las fantasías megalómanas del narcotraficante Pablo Escobar estaba la de poseer un pedazo de África en su país. Para ello, hizo trasladar en 1981 hasta la Hacienda Nápoles, un territorio de 3.000 hectáreas de extensión, en Doradal, a 251 kilómetros al noroeste de Bogotá, a un gran número de rinocerontes, elefantes, camellos, cebras, jirafas, grullas, impalas, flamencos, avestruces e hipopótamos.

 

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