El agua que toman los cordobeses, en la mira

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Aquella premisa aprendida desde la escuela primaria que afirma que el agua es inodora, incolora e insípida estuvo lejos de aplicarse en la que bebieron los cordobeses en los últimos días. Desde diversos barrios de la ciudad de Córdoba y de localidades de las Sierras Chicas, los usuarios se quejaron por el desagradable sabor y el mal olor que contenía el vital elemento provisto por la empresa Aguas Cordobesas. Desde la compañía, perteneciente al grupo Roggio, emitieron un comunicado explicando que se debía al ingreso de algas a la planta potabilizadora y fue calificado como un “fenómeno estacional”. “Les informamos que la planta potabilizadora Suquía se vio afectada por el ingreso de algas, fenómeno de índice estacional, las cuales son removidas exitosamente en el proceso de potabilización”, aseguró el parte de prensa de la empresa. “De esta manera, se garantizan las condiciones de potabilidad del agua para consumo humano. No obstante, mientras se mantenga este fenómeno, es posible que se perciban olor y sabor en el agua potabilizada”, finalizó el comunicado, considerado como insuficiente por algunos especialistas. Exigen tanto a Aguas Cordobesas como al Ersep, el organismo que oficia como fiscalizador de la calidad del servicio, más información respecto a la calidad del agua corriente. El Foro Ambiental Córdoba, representado por Federico Kopta, presentó el pasado jueves por la tarde un escrito dirigido a Mario Blanco, presidente del Ersep, solicitando precisiones respecto a las especies de algas que generan el problema en el agua. En concreto buscan saber si se analizó y si existen efectivamente cianobacterias, actinomicetos, y algas flageladas. El propio Kopta explicó el porqué del pedido: “El hecho de no saber siquiera cuáles son las algas que generaron el mal olor y sabor es una falencia. Cuando es un alga flagelada puede dar mal gusto, pero no pasa nada; distinto es el caso de una cianobacteria que puede generar problemas en la salud. Creo que hay una responsabilidad más grande del Ersep. Es el organismo del Estado, se lleva un montón de recursos y es el que debe preservar e informar para tranquilizar a la población”, expresó Kopta en diálogo con PERFIL CORDOBA. “Básicamente lo que preguntamos es si han hecho análisis de Geosmina; Metil e Isoborneol; que son sustancias que generan olor a moho y a pescado. Por la resolución 174 deben monitorearlo. También si han hecho análisis de microsistinas que son sustancias hepatotóxicas, las cuales tienen límites claramente fijados”, agregó el ambientalista con algún escepticismo respecto al pedido de precisiones. En una línea similar se manifiesta Medardo Ávila, coordinador de la Red Universitaria de Ambiente y Salud y profesor en la Facultad de Medicina de la UNC. “El tema del agua lo venimos siguiendo y abordando desde hace mucho tiempo porque creemos que el lago está agonizando”, consideró Ávila. “Las algas son el problema menor, el tema es que el agua está llena de cianobacterias, las cuales generan una toxina, que es un veneno natural. El frío está matando las algas y cuando las bacterias se mueren empiezan a liberar sustancias que tienen dentro de sus células; generan ese olor y ese gusto que tiene el agua parecido a Gamexane”, remarcó el profesional. “Esa es una de las sustancias que se liberan de las células y tienen el potencial de generar problemas en el hígado, al punto que desde hace tiempo sugerimos no comer pejerreyes pescados en el Lago San Roque”, agregó.

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