Fracasó el intento de juicio político contra el presidente de Paraguay

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El presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, se comprometió a limpiar su gobierno luego de un intento infructuoso de los legisladores de obtener votos para iniciar un proceso de juicio político por su controversial manejo de un acuerdo energético con Brasil. En su primer discurso público en una semana, Abdo Benítez dijo el jueves que el estancamiento puede convertirse en una oportunidad para restablecer el diálogo nacional. Los medios de comunicación locales informaron que los esfuerzos de juicio político fracasaron después de que los legisladores del Partido Colorado retiraran su apoyo a la remoción. “Quiero agradecerles a los diputados que se esforzaron, dialogaron para buscar una salida que no quiebre este proceso democrático que necesita ser fortalecido en el Paraguay”, dijo. Más temprano en el día, diplomáticos brasileños y paraguayos acordaron cancelar el contrato de electricidad que desencadenó la peor crisis política del país sin litoral desde el juicio político del expresidente Fernando Lugo en 2012. Los críticos dicen que la administración cedió a las demandas brasileñas al acordar comprar electricidad a mayor costo de la represa de Itaipú, propiedad de ambos países, bajo un contrato que potencialmente habría costado a Paraguay cientos de millones de dólares.

Vientos en contra económicos Después de defender inicialmente el acuerdo energético, Abdo Benítez aceptó el lunes la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores y otros tres funcionarios, en una medida destinada a aplacar a los legisladores de la oposición. Aun así, algunos de ellos dijeron el miércoles por la noche que continuarían con los esfuerzos para destituir al presidente y al vicepresidente Hugo Velázquez. La crisis política se produce cuando la economía de Paraguay, una vez en rápido crecimiento, enfrenta vientos en contra. El mes pasado, el banco central redujo más de la mitad su pronóstico de crecimiento para 2019 a 1,5%, debido a una desaceleración en el comercio y una sequía que redujo la producción de soja y energía hidráulica. Itaipú, la segunda presa hidroeléctrica más grande del mundo, es motivo de orgullo nacional y resentimiento para los paraguayos, que ven a Brasil como un beneficiario injusto del proyecto multimillonario que comenzó a producir energía en 1985. Itaipú generó aproximadamente 90% de la electricidad de Paraguay y contribuyó con más de US$600 millones a las arcas del gobierno el año pasado. Los dos países revisarán aspectos clave del tratado de Itaipú –incluida la forma en que se cotiza y se comparte la energía– en 2023, cuando el último dinero prestado para construir el proyecto masivo finalmente se pague. Abdo Benítez dijo que crearía una “comisión asesora” integrada por miembros de la sociedad civil para ayudar en esas negociaciones.

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