Día Internacional del Trastorno Específico del Lenguaje

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Hoy, 30 de septiembre se conmemora el Día mundial del Trastorno Específico del Lenguaje (TEL). Este cuadro representa la falta de habilidad para desarrollar el lenguaje de manera espontánea y natural sin que existan problemas neurológicos, auditivos, intelectuales, psicológicos o ambientales que lo justifiquen. Según un estudio epidemiológico llevado adelante por el Dr. James Bruce Tomblin, en la Universidad de Iowa en 1997, el TEL tiene una incidencia de alrededor del 7,4% en la población infantil. Los niños de desarrollo típico, comienzan a producir las primeras palabras alrededor de los 18 meses; según el Dr. Vikram K. Jaswal y la Dra. Ellen M. Markman (2003) un niño de 18 meses aprende 3 palabras nuevas cada 8 horas de vigilia. A los 2 años, logra combinarlas en frases de dos componentes: “Mamá agua”. A los 3 años puede armar frases simples usando verbos conjugados y artículos: “Yo quiero tomar agua”. De este modo, el lenguaje se construye de manera rápida para llegar a los 6 años a completar el lenguaje básico, en donde cuenta con alrededor de 5.000 palabras, conoce y puede usar la mayoría de las estructuras gramaticales, pronuncia bien la totalidad de los sonidos que forman parte de las palabras y logra usar el lenguaje de manera apropiada en relatos y conversaciones.

Esta fecha es una gran oportunidad para recordar algunas de las pautas de alarma más significativas en los primeros años de vida: A los 18-24 meses, dificultad para seguir ordenes como “Dame, tomá, vení, sentate, etc”. A los 2 años y 6 meses, dificultad para comprender órdenes como “Abrí la puerta”, “Traé el pañal”. Ocasionalmente, puede responder con múltiples repeticiones o si se señala lo solicitado. Entre los 18 y 23 meses, uso de menos de 10 palabras entendibles. A los 24-30 meses, uso inferior a 50 palabras. A los 30 meses, uso persistente de gestos para hacerse entender en lugar de producir palabras. Dentro de ese mismo período, repetir todo lo que escucha sin demostrar entender lo que repite, es una señal de alarma. A los 30-36 meses, no lograr la unión de dos palabras. Puede decir palabras aisladas, pero no combinarlas. Puede ocurrir que el niño hable, pero no se entienda lo que dice, a veces sólo la mamá puede entenderlo, y otras veces, ni siquiera ella. En otras ocasiones, intenta producir palabras, pero sólo le salen algunas sílabas desdibujadas. A los 3 años, falta de seguimiento de las rutinas del jardín de infantes. Dificultades para vincularse con pares, muestra interés, pero no sabe cómo relacionarse. Cabe destacar que no todos los niños que se atrasan para aprender a hablar tienen diagnóstico de TEL. Muchos pueden tener un retraso simple en la adquisición del lenguaje, lo cual constituye un cuadro transitorio. En un estudio llevado adelante por la Dra. Chantal Desmarais, en Canadá en 2010, se encontró que niños hablantes tardíos a los 2 años, a los 3 años lograban resolver sus dificultades en un 66% de los casos, mientras que el 44% restante persistían con problemas, y en el intervalo de los 3 a los 4 años, continuaban con alteraciones el 40,2% de los casos. Es muy probable que en ese porcentaje de niños se confirme luego el diagnóstico de TEL. La clave en estos casos es la consulta y el seguimiento temprano para estimular al niño y para capacitar a los padres en el modelo de comunicación apropiado.

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